¿Cómo proteger a los niños de las consecuencias de la crisis actual?

Lo primero que digo tiene relación a la primera pregunta que se hacen los padres: ¿cómo puedo hacer para que mis hijos no sufran las consecuencias de esta crisis? La respuesta es rápida: No puedes. Tus hijos, al igual que tú, tendrán que afrontar algunas consecuencias a la situación que estamos viviendo. Intentar recrear una normalidad ficticia, dentro de la anormalidad que vivimos, no les ayuda a ellos y te agotará a ti. Como padres debemos aceptar que en ocasiones no podremos librar a nuestros hijos de algunas situaciones difíciles. La buena noticia es que los niños, al igual que nosotros, tienen la capacidad de adaptarse a esta situación y de sobreponerse a ella siempre y cuando se cumplan una serie de requisitos.

Como padres o adultos cercanos a niños, nuestro papel es ayudarles a comprender el mundo, enfrentarse a situaciones que les dan miedo o a tranquilizarse. Les acompañamos ante los retos que van apareciendo en sus vidas: cuando cuestan las tareas del colegio, cuando se pelean con sus amigos o tienen que aprender que no son los protagonistas en todas las situaciones. Somos capaces de hacer esto sin mayor problema porque las dificultades que viven generalmente nos quedan lejos, las vemos con cierta distancia. No son nuestra guerra presente.

Algo diferente ocurre ahora. En estos tiempos convulsos todos vivimos niveles de estrés sin precedentes. En mi consulta hablo con padres que sufren porque ellos mismos sienten que necesitan apoyo y ayuda para manejar las emociones que les surgen y no saben cómo acompañar a sus hijos. Se sienten desbordados cuando no son capaces de mantener además de su trabajo, las clases, un horario, el trabajo, la casa… y llegan exhaustos al final del día, irritables y con culpabilidad.

Aceptar que llegar a todo en perfectas condiciones es imposible es sólo el primer paso. La autoexigencia y la expectativa de llegar a todo es otra fuente de estrés añadida. Tengamos en mente que esta es una situación novedosa, única y que pasará. Centrarnos en el momento presente, comprendiendo que ésta es una situación que no hemos elegido y que no podemos controlar, nos ayudará a aceptar las limitaciones que vienen con ella.

Los padres cuentan que sus hijos parecen no estar motivados por las tareas escolares. Entiendo su preocupación y hacen bien en intentar animarles a continuar con ellas dentro de vuestras posibilidades. Cierta estructura y normalidad en ese sentido seguro que ayudará a todos. Por eso, propongo que sigan intentando animarlos a que retomen las tareas, gradualmente, aunque no sean todas, mientras ponen el foco en crear un clima emocional de seguridad en casa.

El clima emocional es la música de fondo que hay en un hogar. Aunque haya momentos de todo tipo: peleas, risas, silencio, discusiones o juegos, en cada hogar hay una música de fondo que habla del ambiente que se vive en casa. Esa música puede ser más tranquila, más ruda, tranquilizadora o estridente. Esto es el clima emocional habitual. Cuando no podamos poner el foco en nada más, escuchemos cuál es el clima emocional que hay en casa y busquemos que este sea lo más armónico posible.

Los niños nos están observando de cerca durante estas semanas, somos una parte importantísima que les informa de cómo de seguros pueden sentirse. Los niños saben que algo muy importante está pasando y aunque sepan que hay un virus que se llama coronavirus, no tienen la capacidad de entender las dimensiones de lo que ocurre. Por ello, nos miran constantemente para regular sus propias emociones. Y pongo un ejemplo cotidiano, cuando dos niños están jugando en el colegio y uno de ellos hace una trastada, el otro, antes de reírse mira de reojo a la profesora que esté más cerca para ver qué hace. La reacción de ésta le da información acerca de si está permitido reírse o no. También cuando un niño se cae en el parque, mira a su madre o padre para ver cómo reacciona, para graduar cómo se siente. Si el adulto reacciona alterándose mucho, asustado, es fácil que el niño llore con más intensidad que si mantiene la calma.

Cómo afrontamos los adultos más relevantes en sus vidas las crisis, pequeñas o grandes, influye en cómo las afrontarán ellos ahora y en el futuro. Por eso, aunque nos preocupen sus estudios, si nuestra realidad es que no tenemos los recursos materiales o de tiempo para acompañarles, debemos poner el foco en aquello que seguro podemos darles: confianza de que alguien está ahí con ellos. Lo que realmente necesitan nuestros hijos es sentirse queridos y protegidos por alguien que está al mando. Necesitan una música que les ayude a calmarse, que les permita aprender, crecer y afrontar las dificultades que viven. Nuestros niños están aprendiendo mucho durante estas semanas y podrán integrar esto como parte de sus vidas. La realidad es que, aunque no sabemos cómo será el mundo post coronavirus, sí sabemos que podremos con ello. Estamos diseñados para poder y para adaptarnos a los cambios.