Índice narcométrico

Uno no sabe por qué algunas personalidades públicas o funcionarios gubernamentales rehúyen a mencionar algunos nombres y apellidos de figuras nacionales del narcotráfico y la especulación que puedo compartir es que temen a las retaliaciones de esos criminales o a convertirlos en nombres famosos que inspiren mayor terror en la ciudadanía y, en consecuencia, refuercen su poderío. Pero, por algo es.
El cine y las redes sociales prácticamente han anulado a los periódicos, la radio y la televisión en su función orientadora sobre comportamiento social. Ya no es alcohol, tabaco y consumismo; se trata de drogas narcóticas y/o alucinógenas que se están presentando como “sana diversión”. Ahora en el cine podemos ver escenas donde, en festividades privadas o en clubes nocturnos, se reparten en bandejas pequeñas porciones de polvos dispuestos en la forma que se inhalan las drogas, o se comparten cigarros de lo que se supone (en las películas) que es marihuana.
Una narcometría universal revelaría índices espantosos y en nuestro país lo que facilita la prevalencia del narcotráfico es el silencio colectivo, rayando en complicidad, obligados por los métodos de ataque y venganza de los cárteles.
Aunque parezca temerario, vuelvo a repetir, ahora con muchísimas más razones, que el triunfo de la sociedad sobre el narcotráfico sólo lo garantiza su legalización, pues sería como dejar sin plusvalía a una actividad delictiva que beneficia enormemente a muy pocos mientras muchísimos pasan a ser prisioneros del consumo y adicciones fatales y aquí, en nuestro país, los políticos, sus partidos y gobiernos no serían guaridas para albergar a criminales con un índice narcométrico monstruoso que, inclusive, pueda superar a la corrupción determinando quiénes nos gobernarán.