La estrategia norcoreana de provocar para obtener concesiones, según expertos

La espectacular demolición por parte de Pyongyang de la oficina de relaciones entre las dos Coreas forma parte de una estrategia de provocaciones que desea lograr concesiones económicas de Seúl y Washington, consideran expertos.

El presidente surcoreano Moon Jae-in fue uno de los artífices del diálogo histórico iniciado en 2018 por Estados Unidos y Corea del Norte. Pero no hay duda, estiman estos expertos preguntados por la AFP, que este último le reprocha ahora el no haber logrado convencer a Washington de relajar las sanciones.

Las relaciones intercoreanas se deterioraron profundamente desde el fracaso de la segunda cumbre entre el presidente estadounidense Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong Un, en febrero de 2019 en Hanói.

Este encuentro fue interrumpido debido a que ambas partes eran incapaces de ponerse de acuerdo en las concesiones que debía hacer Pyongyang a cambio del inicio del levantamiento de sanciones.

“Internamente, Corea del Norte está profundamente decepcionada por Moon y parece decidida a cortar las relaciones intercoreanas”, afirma Kim Keun-sik, profesor de ciencias políticas en la Universidad Kyungnam.

“De esta manera envía un mensaje a Trump para decirle que debe retomar las discusiones o levantar las sanciones económicas, lo que reclama desde hace tiempo”.

Estrategia bien meditada

Esta evolución radical parece oficialmente el resultado de la exasperación de Pyongyang respecto a las octavillas que envían a su territorio los tránsfugas norcoreanos asentados en el Sur.

Pero en realidad es una estrategia bien meditada, según Leif-Eric Easley, especialista de Corea del Norte en la Universidad de Ewha.

“Es un ciclo gradual de provocaciones, y no solo un evento excepcional”, explica. “Pyongyang ataca las relaciones entre las dos Coreas para presionar con la esperanza de obtener concesiones internacionales”.

Esta campaña parece cuidadosamente calibrada al lanzar de antemano avisos de diferentes fuentes oficiales como los dirigentes, los ministros o el ejército.

Pero más allá del símbolo que representaba la oficina de relaciones, el edificio donde se encontraba estaba desocupado desde hace varios mes y el diálogo intercoreano se había roto.

Y si bien el Norte anunció que iba a reforzar su presencia militar en otros dos proyectos emblemáticos de la cooperación intercoreana, el efecto concreto será limitado, pues los dos proyectos en cuestión están en punto muerto desde hace años.

Por su parte, el gobierno surcoreano parece haber hecho cuanto ha podido para impedir la escalada.

Unas horas después de que la hermana del máximo dirigente norcoreano, Kim Yo Jong, hubiera denunciado por primera vez el envío de octavillas desde el Sur, Seúl anunció que prohibiría esta práctica, pese a las implicaciones que conlleva tal decisión sobre las libertades en Corea del Sur.

El ministerio surcoreano de la Unificación denunció incluso a los grupos de tránsfugas que enviaron estas octavillas.

Estrategia arriesgada

Los críticos del gobierno Moon afirman que este tipo de reacción del Sur no hará más que animar a Pyongyang a añadir más a sus peticiones.

En cambio, parece que la paciencia de Seúl ha alcanzado el límite. El miércoles, la presidencia surcoreana calificó de “sin sentido” y “muy maleducadas” las recientes declaraciones de Kim Yo Jong.

Estados Unidos podría ser el próximo blanco del Norte, que pidió a Washington que dejara de entrometerse en los asuntos intercoreanos, o de lo contrario, según amenazó implícitamente, perturbaría las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre.

“El mensaje a Estados Unidos es que Pyongyang podría llegar a hacer algo tan provocador para la relación entre el Norte y Estados Unidos si este último no cambia su política”, declaró Hong Min, director de la división norcoreana en el instituto coreano para la unificación nacional.

Pero una estrategia así es especialmente arriesgada por parte de Pyongyang.

Trump, actualmente blanco de críticas por la crisis del coronavirus, presentó el dossier norcoreano como un éxito diplomático.

Pero también ha hecho saber claramente que un nuevo ensayo nuclear norcoreano, o un disparo de misil balístico intercontinental, es una línea roja que no debe ser traspasada.