Lo que oculta el debate sobre la pandemia

Semanas atrás hubo un debate telemático organizado por la revista «International Journal of Health Services»con expertos de la «International Asociation of Health Policy», procedentes de varios continentes, para analizar las respuestas de los países a la pandemia del coronavirus COVID-19.

Se dieron cita profesionales de diferentes disciplinas: desde epidemiólogos y otros expertos en salud pública, hasta economistas, politólogos, y profesionales de otras ciencias sociales, con el propósito de compartir información y conocimientos con el objetivo de ayudar a las organizaciones internacionales y nacionales a resolver la enorme crisis social creada por la pandemia.

Es precisamente a las conclusiones de ese evento que pretendo referirme en esta entrega, parte sustancial de nuestra participación el pasado jueves 4/6 en el foro telemático “Tendencias globales y su potencial de riesgo para las sociedades urbanas. Hacia un nuevo multilateralismo” donde en nuestra exposición abordamos los elementos ocultos en el debate sobre la pandemia del COVID-19 con los expertos analistas, el español Javier De Carlos Izquierdo, doctor en prehistoria y especialista en relaciones internacionales y el dominicano Iván Ernesto Gatón Rosa, doctor en derecho internacional y ciencias políticas y especialista en estudios diplomáticos.

La previsibilidad de la pandemia

Diversos estudios realizados en años recientes habían advertido de la ocurrencia de una pandemia de este tipo, y que el mundo no estaba preparado para enfrentarla, a no ser que se tomaran medidas urgentes para aminorar sus efectos. Estas alertas fueron ignoradas y muchos Estados aplicaron políticas públicas que deterioraron la infraestructura de servicios: recorte del gasto público, privatizaciones, y desregulación de mercados laborales que disminuyeron la protección social de amplios sectores de la población, afectando principalmente a las clases populares en esos países.

La evidencia científica ampliamente publicada en magazines académicos ha puesto de manifiesto el enorme impacto negativo de estas políticas en la disponibilidad y calidad de los servicios sanitarios y sociales. Lo que se manifiesta con las notables reducciones de la cantidad de camas en los hospitales y el número de médicos.

Estas políticas fueron aplicadas en muchos países y estimuladas por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), entre otros, dejando sin protección a amplios sectores de la población y debilitando el sistema de protección social, pieza clave en la respuesta a la pandemia en esos países.

Causa de la pandemia, respuestas y recursos para vencerla

Las causas de la pandemia eran predecibles y el modo de responder a ella. Siempre han existido recursos para contenerla y resolverla. Se entendió que el mayor problema no sería la falta de recursos, sino las enormes desigualdades en la disponibilidad de estos recursos. No había y no hay voluntad política para acabar las condiciones que han causado la pandemia.

Lo que hemos estado viendo es que las políticas económicas y sociales promovidas por una gran mayoría de Estados han sido las que representan los intereses minoritarios de grupos económicos y financieros que han antepuesto sus beneficios particulares al bienestar común. Un punto central de esta ideología neoliberal ha sido disminuir las intervenciones del Estado que favorezcan el bienestar común, hecho que es responsable del enorme descenso de la calidad de vida y el bienestar de las poblaciones, contribuyendo con ello, por un lado, a crear la crisis climática y por el otro a la pandemia.

Se observa a nivel global una gran derechización de la cultura e instituciones políticas, causa y consecuencia a la vez de la enorme desigualdad y del deterioro de las instituciones democráticas, lo que explica que nuestros países estén hoy en una situación muy vulnerable frente a la pandemia.

El bienestar común (trascendencia del Estado)

La pandemia es un fenómeno global, por tanto, requiere una respuesta global. Se necesita una colaboración entre los Estados, de manera que estos compartan recursos y conocimientos para, en base a un proyecto común, desarrollar organismos internacionales que prioricen el bienestar de las poblaciones sobre cualquier otro objetivo.

Hay que desarrollar organizaciones alternativas o realizar cambios profundos en las actuales. Sin embargo, la internacionalización de la respuesta no debe llevarnos a debilitar el rol de los Estados en la resolución del problema creado por la pandemia.

Los países que han logrado controlar la epidemia son aquellos donde el Estado ha ejercido un liderazgo que prioriza las intervenciones públicas sobre las privadas. Aquellos Estados que han sido más activo y han liderado de manera clara la respuesta a la pandemia son más exitosos que aquellos, que mantienen un rol más pasivo, la experiencia internacional lo demuestra.

El principal componente de ese liderazgo ha sido, no solo la adopción de medidas de distanciamiento social, sino su enfrentamiento con intereses particulares, ya sean económicos o financieros, ejerciendo una gran influencia en la vida política y mediática de esos países a fin de garantizar el bienestar común, por encima de los beneficios de unas minorías.