Puros de Zimbabue, el «humo que truena» con aroma dominicano

«La gente que fuma puros es gente con clase», dice con orgullo el maestro cigarrero dominicano Elías López en la primera fábrica de Zimbabue en elaborar unos puros cuyo aroma no tiene nada que envidiar a los de su país o a los cubanos.

López, que asegura haber enrollado habanos para estrellas de Hollywood como Sylvester Stallone o Chuck Norris, se instaló hace unos tres meses en Harare para ayudar a elaborar puros, toda una novedad en este país.

Zimbabue es el mayor productor de tabaco de África. La llamada «hoja de oro» supone, de hecho, una materia prima clave para la exportación, junto al platino o los diamantes.

¿Pero cigarros? No, no hay ninguna tradición en Zimbabue ni de fumarlos ni, mucho menos, de fabricarlos.

Sentado en un taburete en una factoría de ladrillo visto abierta el pasado marzo en el polígono industrial de Graniteside, en el sur de Harare, López, de 52 años, mira una mesa de madera en la que reposan cientos de habanos recién enrollados.

El humo que truena

Unos son largos; otros, cortos. Unos se guardan con esmero en cajas, otros están cuidadosamente envueltos en celofán. Pero todos lucen una llamativa marca: Mosi-Oa-Tunya, que en el idioma tonga significa «el humo que truena» y es también el nombre indígena de las Cataratas Victoria, la maravilla natural más famosa de Zimbabue.

Cada Mosi-Oa-Tunya se enrolla a mano con una exhaustiva atención al detalle: las finas hojas de envoltura exterior se han importado de Indonesia, las hojas de relleno son una mezcla de tabaco de Zimbabue y Malaui y alrededor de cada cigarro, cerca de la cabeza, se coloca una anilla siguiendo la auténtica tradición caribeña.

Vestido con unos pantalones vaqueros, una sudadera del FC Barcelona y un gorro de lana (Zimbabue se encuentra en mitad del invierno sudafricano), López selecciona un puro y lo enciende. «Puedo tomar cualquiera del montón y va a arder de la misma manera», dice y muestra cómo conserva rígida su ceniza, la señal inequívoca de la alta calidad de un cigarro.

«Los cubanos -explica- tienen un refrán: si un puro arde mal, eso significa mala suerte. Si arde bien, vas a tener un buen día».

El maestro dominicano comparte ahora sus conocimientos y su arte para enrollar habanos con sus colegas zimbabuenses en su primera experiencia en África, si bien ya ha llevado su sabiduría a Costa Rica, Nicaragua, Panamá y otros países de Centroamérica.

Con tanto ir y venir, «la gente me llama ‘El Embajador’. Me toman el pelo», bromea.

Mujeres enrolladoras de puros

Fue en su país, la República Dominicana, donde López conoció al zimbabuense Shep Mafundikwa, el fundador de los puros Mosi-Oa-Tunya, quien viajó allí y a Cuba para aprender los entresijos de una fábrica de habanos de estilo caribeño.

A diferencia de López, Mafundikwa, de 54 años, no es ni fumador ni artesano cigarrero, sino un exgerente que trabajó durante quince años para una aerolínea en Estados Unidos. Como muchos de los cientos de miles zimbabuenses que viven en la diáspora, él anhelaba volver a casa, un sueño que se hizo realidad en 2019.

Una conversación con un amigo en Londres, adonde se desplazó para asistir a un funeral, le dio la idea de abrir una fábrica de tabaco en su país. «Vi una oportunidad. Vi un nicho de mercado que podía ser explotado», relata a Efe.

Mafundikwa reclutó a siete mujeres desempleadas que residen en el suburbio de Sunningdale, próximo a la factoría, y que actualmente elaboran unos mil puros diarios.

«Sentí que necesitábamos empoderar a las mujeres, darles una formación y un medio de vida. Las mujeres son pacientes. Son muy habilidosas con sus manos», apunta.

¡Boom, el golpe de la paandemia!

El entusiasmo de Mafundikwa choca con el complicado momento económico elegido para lanzar el negocio en Zimbabue, que atraviesa su peor crisis económica en una década, con una inflación anual que este mes alcanzó el 785 por ciento, además de falta de combustible y divisas extranjeras necesarias para importar materias primas.

Para más inri, el confinamiento impuesto hace tres meses para contener la propagación del coronavirus en el territorio zimbabuense ha trastocado los planes de la compañía.

«Regresamos con Elías de la República Dominicana. Todos estábamos entusiasmados y comenzamos a entrenar (a las trabajadoras) en marzo y luego: ¡Boom, el golpe de la pandemia!», exclama Mafundikwa.

La vecina Sudáfrica, el mercado que Mosi-Oa-Tunya tiene en el punto de mira, impuso una prohibición a todos los productos tabaqueros como parte de sus medidas de confinamiento decretadas a fines de marzo.

Además, las restricciones a los viajes aéreos internacionales han impedido que los materiales de embalaje necesarios para los cigarros aún no hayan llegado de China.

En este contexto hostil, Mafundikwa y López se están centrando en el entrenamiento de las empleadas y la producción, acumulando existencias de puros, envolviéndolos en celofán para mantenerlos frescos, en preparación para cuando vuelva la normalidad.

Mafundikwa se ha visto muy alentado por el creciente interés internacional en sus cigarros, desde lugares tan lejanos como Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido.

«Tenemos un cigarro africano único que sale de África y confiamos en su calidad. Sabemos que tendremos un mercado allá afuera», asegura el empresario con optimismo.

Ante la adversidad, calma caribeña

Pese a las adversidades, Elías López no se apura y encara las cosas con mucha calma caribeña.

Parece contento en la factoría de Harare, compartiendo las habilidades que adquirió en los últimos 34 años y rodeado de todo lo que le resulta familiar: hojas de tabaco, entusiastas artesanos en formación e, incluso, la bandera dominicana colgada en la pared de la fábrica junto a una de Zimbabue.

Mientras disfruta una nueva bocanada de su Mosi-Oa-Tunya tras un sorbo de café de Zimbabue, del que se ha enamorado por completo, López promete que se quedará «el tiempo que sea necesario».

«Nuestro objetivo -concluye- es establecer esta empresa. No me marcharé antes de que todo esté asentado y sea estable».