¿Qué pasa con el testamento de Karl Lagerfeld?

Karl Lagerfeld, alemán de nacimiento, tenía 85 años y llevaba 35 al frente de la casa Chanel, murió sin pareja ni hijos y con una fortuna de 400 millones de euros, según el último listado anual de la revista alemana Manager Magazin.

¿Quién o quiénes serán los herederos? Según unas nuevas revelaciones del diario “Le Parisien” siete personas de su círculo íntimo aparecen como posibles beneficiarios de su testamento.

Al contrario de lo dicho hasta el momento, sí habría testamento, “escrito de puño y letra” de Lagerfeld y registrado en Mónaco. El rotativo francés asegura que las tensiones han aumentado entre los herederos, Sébastien Jondeau, su guardaespaldas, y Baptiste Giabiconi, modelo y amigo del diseñador.

“Le Parisien” también incluye en las últimas voluntades del diseñador a Françoise Caçote, la cuidadora de su gata, Choupette; Hudson Kroenig, su ahijado; Brad Kroenig, el padre de su ahijado; Caroline Lebar, su directora de comunicación, y Jake Davis, un amigo.

Conocido por su estética, Karl siempre vestía de negro, con alzacuello blanco, cabello recogido en una coleta y gafas negras, pero también por extravagancias como poner como heredera a su gata.

“Tiene una pequeña fortuna para ella sola, es una heredera. Si me pasa algo, la persona que se ocupará de ella no estará en la miseria”, dijo el alemán, diseñador de Chanel, en una entrevista en 2015.

La gata, un bello ejemplar de sagrado de Birmania en color arena con más de 200,000 seguidores en Instagram -ante los que mostró una foto de su luto tras la muerte de “papá”-, es, como él mismo decía, “una niña rica”.

Lagerfeld le procuró exhaustivos cuidados desde que llegó a su vida en 2011: su amigo Baptiste Giabiconi se la prestó, pero el diseñador acabó quedándosela para darle una vida mejor, con dos damas de compañía, un guardaespaldas, chófer y una carrera de modelo que ha generado 3 millones de euros (3,4 millones de dólares).

De momento el único que conoce toda la verdad acerca del testamento es Lucien Frydlender de 87 años, abogado y contador de Karl, el único problema es que no coopera porque está enfermo y confinado en París. De cualquier manera, repartir el patrimonio del káiser tomará mucho tiempo, pues tiene que pasar por un proceso de inventario de todos sus bienes materiales.